La historia de Rebeca no es solo la de una mujer bondadosa que ofreció agua a un viajero. Es la crónica de una figura clave en el linaje de Dios, cuyas decisiones — entre la fe y la ambición — moldearon el futuro de un pueblo.
¿Quién era Rebeca?
Rebeca aparece en el libro de Génesis 24-27, como esposa de Isaac y madre de Jacob y Esaú. Era hija de Betuel y hermana de Labán, oriunda de la región de Padan-aram (actual Siria). Su nombre, de origen hebreo Rivqah (רִבְקָה), significa “atar” o “capturar”, algo irónico considerando su papel en la rivalidad entre sus hijos.
El encuentro providencial
La Biblia narra cómo el siervo de Abraham, Eliezer, la encontró en un pozo. Al pedirle agua, Rebeca no solo le dio de beber, sino que también sacó agua para sus camellos. Este acto de generosidad — detallado con simbolismo en Génesis 24:17-20 — la señaló como la elegida para ser la esposa de Isaac. “Fue un momento de encuentro entre lo humano y lo divino”, explica María Guadalupe Martínez, teóloga bíblica. “Su compasión reveló su carácter, pero también su destino”.
Madre de dos naciones
La tensión entre Jacob y Esaú — representando a Israel y Edom — nace en su vientre. Génesis 25:22-23 describe cómo Dios le reveló que “dos naciones estaban en su seno”. Rebeca, consciente del plan divino, favoreció a Jacob, el hijo menor, y lo ayudó a engañar a Isaac para recibir la bendición (Génesis 27).
¿Estratega o manipuladora?
Su acción genera debate: ¿Actuó por fe en la profecía o por ambición personal? “La Biblia no la juzga, pero muestra la complejidad de su fe”, señala Carlos Ramírez, pastor y estudioso del Antiguo Testamento. “Su elección de Jacob alineaba con el plan de Dios, pero el método — el engaño — refleja la lucha humana entre lo divino y lo terrenal”.
Simbolismo y legado espiritual
- Agua y hospitalidad: Su gesto con Eliezer simboliza la provisión divina y la importancia de servir incluso en lo pequeño.
- Maternidad y propósito: Su historia enseña que Dios usa incluso las relaciones familiares rotas para cumplir sus promesas.
- Fe activa: A diferencia de Sara (su suegra), Rebeca no duda de su capacidad para influir en el futuro, aunque sus métodos sean cuestionables.
Una lección de paciencia (y humor)
Cuenta una tradición judía que, tras el engaño, Rebeca le dijo a Jacob: “Si tu padre descubre la verdad, ¡que me culpe a mí, no a ti!”. Esto refleja su carácter decidido, pero también la carga de ser partícipe de un plan mayor.
Rebeca en la cultura y la fe actual
En México, su historia se evoca en reflexiones sobre la maternidad compleja y la fe en medio del caos. “No es una santa idealizada, sino una mujer real que luchó con sus miedos”, comenta Ana Laura Pérez, catequista de la Ciudad de México. Su legado invita a preguntarnos: ¿Cómo equilibrar la fe con nuestras propias estrategias?
Entre la sombra y la luz
Rebeca no es una figura perfecta, pero su historia es esencial. Sin ella, no habría pacto con Jacob, ni historia de Israel. Su vida enseña que Dios no elige a los perfectos, sino a aquellos dispuestos a arriesgarse por Su voluntad, incluso con errores.